miércoles, 4 de marzo de 2009

"CIEN AÑOS DE SOLEDAD," UNA SAGA ALQUÍMICA

“CIEN AÑOS DE SOLEDAD” UNA SAGA ALQUÍMICA. Se trata de la epopeya de una familia que pugna, durante cien años, por emerger de las tinieblas del caos primigenio a la luz del día; tal vez, juntamente con esto y por economía narrativa, desde la degradación de la culpa hasta le entelequia de la perfección, de cuando el hombre aún no había visto la conminatoria espada de fuego. Los nombres de sus miembros son tan transparentes que resulta imposible esquivar la alegoría. No en balde nos las estamos viendo con la estirpe de los BUENDÍA, de cuyas características y propiedades lumínicas participan de inmediato todos aquellos elementos que se incorporan, sea cual sea su procedencia y por muy envuelta en misterio que esté, sin excepción llegan a ser un BUENDÍA y por lo tanto están embarcados en la misma nave que los lleva hacia la claridad. Otro rasgo hereditario que comienza siendo propiedad de unos cuantos pero que acaba alcanzando a todos, incluso a Úrsula, es la soledad. La soledad del adepto que no puede separarse de su atanor y, mientras dure el trabajo, no se le permite distraerse ni un solo momento de él. La soledad de quienes dirigen una Obra secreta o de quienes tienen conocimiento de ella. La alquimia es un proceso que implica una transmutación. Parte de dos substancias misteriosas de signo opuesto, el agua mercurial, principio femenino cuya verdadera identidad los iniciados ocultan celosamente, pero que afirman se encuentra con gran profusión en la naturaleza, y el fuego frío o luz negra que está en todas las cosas y que recibe el nombre de espíritu universal o también León Verde, de signo masculino. El primero suele representarse como un triángulo con el vértice hacia abajo y es como una copa, un recipiente que forma un hueco negro, es el Santo Grial, es la Virgen que aplasta con su pie el dragón, la mujer revestida de sol “Y hemos visto un gran signo en el cielo, una mujer revestida de sol, y la luna estaba a sus pies, y sobre su cabeza había una corona con doce estrellas y ella estaba encinta…. Y el dragón se mantenía delante de la mujer, para devorar a su hijo cuando naciera.” (Apocalipsis 12, 1-4). El otro se representa como un triángulo con el vértice hacia arriba que penetra y atraviesa el anterior. Superpuestos, unidos fuego y agua, forman la estrella o sello de David, símbolo de la luz, como también lo es la cruz. Ambas contienen un núcleo del que salen diversos rayos. La tradición alquímica sostiene que la fase final de dicho proceso se termina con la obtención del oro. Pero algunos piensan que ese oro no es el oro vulgar, sino que simboliza la Gran Obra, la cual implica la transformación de quien la lleva a cabo. Ahora bien, antes de que se produzca la unión del principio masculino y del principio femenino, ha de matarse al dragón, el cual representa la falsedad, la imaginación a la deriva que desemboca en la perversidad y en la maldad. Ese dragón, unas veces lo mata el caballero, el León Verde, o incluso el León Rojo, ya se llame arcángel San Miguel, san Jorge, o cualquiera de los campeones medievales que luchan contra el dragón para casarse con la princesa. Ese dragón está dentro de ellos mismos, pero si no lo matan, no alcanzarán la pureza necesaria para unirse con la futura reina, la sublime. Otras veces lo aplastará la propia doncella con su pie. En Cien Años de Soledad aparecen ambas maneras de matar al dragón. La primera de ellas se lleva a cabo con el procedimiento clásico de la lanza y el San Jorge de Cien Años de Soledad es José Arcadio Buendía, así como el dragón se llama Prudencio Aguilar, a quien el campeón atraviesa la garganta con la mencionada arma. La segunda manera la ejecuta Remedios la Bella y el dragón que ella vence en innumerables ocasiones es el dragón del irremediable deseo sexual, no el amor, pues en eso es una genuina Buendía, que sin proponérselo, con la más impecable inocencia, suscita. Todos aquellos que se acercan a ella con intenciones turbias, mueren como moscas. Al final, tras una larga serie de estragos, como el agua ígnea que representa, como la Virgen que nunca dejó de ser, se evapora y asciende al cielo en cuerpo y alma. Así, el dragón de “Cien años de soledad”, como el dragón bíblico, se queda pasmado, con más de dos palmos de narices. Aurum (oro), es de la misma raíz que aurora y que aura (brisa, pero también luz del día) y que aureola. El sol de la mañana, cuando comienza a elevarse sobre el horizonte, está rojo como el oro y se parece mucho a la hostia refulgente que alza el sacerdote cuando celebra el sacramento de la eucaristía, que no consiste en otra cosa más que en comernos el cuerpo de Cristo irradiando luz. “Yo soy la luz de este mundo, el que me siga, no caminará en las tinieblas, sino que poseerá la luz de la vida” (Juan, cap. 8, v. 12). Los varones Buendía son seres luminosos que engendran en copas robustas y opacas otros seres luminosos. Mas no todos poseen la misma clase de luz. Los hay que son Leones Verdes y los hay que son Leones Rojos. Los Leones Verdes son los José Arcadios y los Leones Rojos son los Aurelianos. El León Verde es el primero en unirse con el agua mercurial, entonces se constituye un agua de naturaleza y propiedad doble, agua ígnea y fuego acuoso. Los alquimistas parecen coincidir en que el metal que más luz negra o espíritu universal contiene es el hierro, basta con golpearlo con una piedra para que salgan chispas, que son la manifestación de esa luz negra. El hierro es el metal más fuerte, el metal de Marte. Los José Arcadios son todos robustos y fuertes, prácticamente unos gigantes, dotados además de una potencia sexual prodigiosa. La estirpe de los Buendía se continúa con los José Arcadios. Sin embargo, el León Verde desaparece pronto para dar paso al León Rojo; de alguna manera, el León Verde anuncia al León Rojo, lo lleva sobre sus hombros como San Cristóbal, otro gigante, lleva al niño Jesús en la leyenda esotérica. León Verde es San Juan Bautista: “Yo os bautizo en agua, pero llegando está otro más fuerte que yo, a quien no soy digno de soltarle la correa de las sandalias. Él os bautizará en el Espíritu Santo y en fuego. En su mano tiene el bieldo para bieldar la era y almacenar el trigo en su granero, mientras la paja la quemará con fuego inextinguible.” “La sangre fija del León Rojo –dice Basilio Valentín- está hecha de la sangre volátil del León Verde (los José Arcadios desaparecen sin dejar rastro, nótese las sesenta y cinco vueltas al mundo de José Arcadio), porque ambos son de una misma naturaleza” (familia, la operación alquímica es absolutamente incestuosa y tiene, además, que repetirse por tres veces). León verde es también el rey Marc, en la fábula ocultista de Tristán e Isolda, quien debe hacerse a un lado para dejar paso al León Rojo, su sobrino, Tristán. Y no sería improbable que García Márquez hubiera tenido en cuenta esta leyenda artúrica para la confección del carácter de los Aurelianos, tristes y solitarios sin excepción. Los José Arcadios engendran tanto José Arcadios como Aurelianos. La Obra, no obstante, la Gran Obra, la realizan los Aurelianos, porque son la piedra filosofal, el oro de los filósofos. Los José Arcadios son seres más bien primarios que, pese a no estar en absoluto desprovistos de luz, no comprenden el procedimiento de la Obra y suelen cometer errores de bulto, víctimas de ese tipo de inteligencia preclara pero que peca un tanto de racionalista, distinta a la de los Aurelianos que es mística, intuitiva. Arcadia, en el Peloponeso, era percibida como una región feliz, pero con una felicidad que emanaba de una simplicidad rústica. “Arcades ambo”, la expresión virgiliana que originariamente era aplicada a dos hombres dotados de excepcional habilidad para la música y la poesía bucólica, hoy en día suele usarse en tono irónico y un tanto peyorativo. El primer José Arcadio intentará la mítica transmutación alquímica, pensando quizás que podría multiplicar la masa del oro obtenido con la fundición de los doblones de su mujer y lo único que consiguió, tras una larga serie de desastres, fue devolverle al fin la masa inicial de oro a la desesperada Úrsula. José Arcadio parece comprender todo al revés, o con una lógica personal que lo lleva directamente al siniestro. Y ello pese a tener a su disposición al más fabuloso de los iniciadores, a Melquíades, que no es otro que el bíblico Melquisedec, rey de Jerusalén, de quien el propio David dice: “Jehová lo ha jurado y no lo lamentará: Tú serás por siempre sacerdote, según el orden de Melquisedec,” (Salmo 110). Pero esto se considera una profecía mesiánica, es decir, destinada a los Aurelianos, no a los José Arcadios. Los Aurelianos, en cambio, son harina de otro costal, están dotados de poderes taumatúrgicos, exactamente igual que la piedra filosofal que representan. Los diecisiete Aurelianos quedarán marcados todos con el signo indeleble de la cruz, que es el signo de la luz. El coronel Aureliano Buendía, de niño, hacía rodar las sillas con sólo mirarlas y esa luz imperiosa de sus ojos no la perdió ni siquiera en la decrepitud que anunció su muerte. Los Aurelianos llevan a cabo las acciones decisivas, el primer Aureliano fue quien exterminó los tigres de la región. El coronel Aureliano Buendía realizó la Obra, la Gran Obra, durante veinte años dirigió una guerra civil y encarnó un ideal colectivo, aunque es dudoso que lo compartiera, Úrsula, vieja y ciega, pero con una perspicacia doblada por cierta clarividencia interior (¿luz negra?) lo pone en tela de juicio; sin embargo, el monstruoso atropello que lleva a cabo un esbirro de la compañía bananera provoca, en el alma ya senil del coronel, una fabulosa combustión de sentimientos profundamente humanos. En cualquier caso estaba provisto de un nimbo luminoso que le protegió toda su vida de los más arduos peligros y alcanzó una aureola histórica de santo laico. ¿Y cómo evitar la mención del simbolismo palmario de los pececitos de oro que fabricaba sin el menor afán de lucro? Hacer para deshacer, vender para reponer tan sólo la materia prima con que iniciar de nuevo la obra. La recompensa de la obra, en la propia ejecución de la obra. ¿Qué has querido decir con eso?

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miércoles, 17 de septiembre de 2008

DE LO NEGRO Y DE LO OSCURO. FRAGMENTO

Mira, Casiano, le dije sin lograr apartar mis ojos fascinados de su mano, es con ésta la tercera vez, durante los últimos cinco años, que oigo una historia semejante, ocurrida por estos pagos, en la cual interviene ese señor de blanco. Y siempre que aparece él, de una manera o de otra, se produce, en el plazo de veinticuatro horas, la muerte de alguien que ha tenido algo que ver con el suceso. Todo esto es muy extraño, lo sé. Pero en Sajará, cuando uno ha vivido más de un año, ya no sabe si es de este mundo o del otro. Casiano se me quedó mirando un buen rato de hito en hito. Luego echó un vistazo a su alrededor para comprobar que el parque seguía tan despoblado como un saco boca abajo. También yo alcé la vista y luego, presintiendo una revelación, barrí lentamente el entorno con la mirada. Las rosas poseían, en el silencio palpitante de esa tarde dorada, el rojo de la sangre aún viva. Entonces abrió la cremallera de la misteriosa bolsa y sacó una pistola cuidadísima, reluciente. El cañón y las partes metálicas bruñidos como sólo puede conseguirlo alguien que no tiene otra cosa que hacer en la vida, la culata abrillantada con cera cara y fanatismo. En caso de disparar, las balas saldrían probablemente bañadas en aceite, como buñuelos de metal. Sea como fuere, si alguna vez tengo la dicha de cruzarme con ese tipo, le alojo incontinente una bala entre las dos cejas y lo hago bajar al infierno de donde acaso provenga. Es la única ilusión que me queda.

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DE LO NEGRO Y DE LO OSCURO. SINOPSIS

De lo negro y de lo oscuro”, consta de catorce cuentos de tema y estilo diversos, escritos a partir del año 2003 y cuyo elemento común sería la presentación de esos puntos de inflexión que transforman o hacen estallar existencias. El primero de ellos, titulado “El vuelo de las ocas salvajes”, al cual pertenecen las páginas que adjunto, obtuvo el premio Fernández Lema de ese mismo año 2003. El segundo, “La hora de Leviatán”, quedó entre los cinco finalistas del concurso de relato corto convocado por la UNED, en su edición de 2007. Todos ellos han sido confeccionados con un lenguaje que se quiere acendrado, aunque no oscuro y con una técnica narrativa que ha ido evolucionando a lo largo de estos últimos cinco años, no solamente a través de la escritura de los mencionados trabajos, sino también con la elaboración de varias novelas.

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NAVEGACIÓN DE CABOTAJE. FRAGMENTO








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Después de aquellos acontecimientos, sobrevino un período de calma chicha en Vitraux. No en Sajará, donde Rogelio preparaba todo con una celeridad tal vez excesiva, inapropiada. Se impacientó. Era preciso que Trilla insistiera en el Comité de hermanamiento sobre la necesidad de salir lo antes posible de ese recalmón, pues allá todo estaba listo para la firma del protocolo. Lo cual no era una trivialidad, teniendo en cuenta que Sajará tuvo incluso que dotarse de un Comité de hermanamiento ex profeso. Pero, en aquel momento, las diversas asociaciones y particulares que lo componían se hallaban trabajando a pleno rendimiento, las subvenciones estaban solicitadas y obtenidas, el plan trazado y aprobado en sesión plenaria del Ayuntamiento ; con algunas abstenciones, mas sin oposición ninguna. En Vitraux todo el mundo, incluida Danielle, parecía un poco aturdido por tanta precipitación. -Estas cosas no se hacen así… -balbuceó-. Es preciso disponer de un poco de tiempo para reflexionar…. El Ayuntamiento no posee dotación presupuestaria…. Trilla, a pesar de todo, bailaba sobre un pie, pues el argumento del conocido artículo de Larra titulado “Vuelva usted mañana” se había invertido. -Tampoco la poseía el de Sajará antes de solicitarla –dejó caer, sin conseguir matar por completo la expresión de un malvado contento que pugnaba por aflorar a su rostro.- -Empecemos por poner en funcionamiento el intercambio entre los dos Institutos de enseñanza –contemporizó, un tanto confusa, Danielle- y según como vaya la cosa veremos… Rogelio Roig, al teléfono, se subía por las paredes. -¡Solicita una entrevista con la Sra. Diop ! No fue fácil obtener esa cita. Trilla tuvo que ir adrede varias veces al Ayuntamiento, dejar varios mensajes en el contestador automático de la azacanada regidora que al parecer se desuñaba trabajando para la cosa pública a diestro y siniestro, recabar incluso la intercesión de Danielle. Al fin le fue acordada. Lo recibió correctamente en su despacho situado en el sótano. Trilla tenía noticia del carácter más bien autoritario de la regidora de cultura, profesora también ella, de inglés, pero profesora de ésas de convicción y de vocación, de las que saben como tener a raya a los alumnos y no se traicionan jamás, empleándose en dicha labor con tenacidad y constancia. Al contrario de Trilla, que podía llegar a jugar con fuego, permitiéndose, a veces, bromear, incluso con las clases más difíciles. Mas la Sra. Diop era seria, muy seria y guapa. Sobre todo los latinos, y medio africanos, de Sajará eran, sin excepción, partidarios de esa doctrina. -¡Ché –exclamaría en el futuro Rogelio después de haberla conocido, ya más tranquilo- mira que es guapa ! Guillermo decidió jugar el todo por el todo. A veces no es mal método aplicado a los que lo conocen muy bien y saben apreciarlo mejor que nadie por practicarlo ellos mismos todos los días. -Si no quieren ustedes concluir este hermanamiento, no tienen más que decirlo. Pero, por favor, háganlo cuanto antes pues Sajará está siendo requerida de manera insistente por una ciudad italiana. Lo cual no era del todo falso. El efecto, en todo caso, fue el perseguido. La Sra. Diop casi se vuelve blanca de la emoción. Y tal vez de la ira. No replicó. -De no ser el caso –prosiguió Trilla- conviene acelerar la marcha, pues Rogelio Roig ha obtenido una subvención especialmente consecuente de parte de Bruselas, la cual, si no es empleada dentro de un plazo, que por cierto ya se está quedando corto, tendrá que ser devuelta. A las pocas semanas, la Sra. Diop, acompañada por una delegación compuesta exclusivamente de miembros electos del consistorio, se hallaba en Sajará. Guillermo llamó al móvil de Rogelio para ver cómo iba la cosa y los encontró a todos en buena armonía, con un ánimo excelente que hasta se percibía por el auricular, sentados a la mesa de un restaurante dispuestos a partir un piñón, alrededor de una paella. Habló con ambos y todo parecía desenvolverse a pedir de boca. Rogelio le declaró en tono confidencial : -¡Ché, mira que es guapa ! Alea iacta est. A partir de dicha visita, el expediente se instruyó mucho mejor, aunque no con la celeridad que debía. Dilación que iba a pagarse cara, en su momento.



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NAVEGACIÓN DE CABOTAJE. SINOPSIS











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Navegación de cabotaje es un artefacto retórico aplicado a un episodio banal. El personaje sobre el que se focaliza la narración, se dispone a zafarse de una actividad sin una sola pizca de gloria y que lastraba sensiblemente su tiempo libre, la cual se vio obligado a desempeñar a causa de diversas presiones, algunas de ellas provenientes de su propia conciencia, y a las cuales no tuvo el valor de oponerse en su momento. Antes de ir a presentar su dimisión, recuerda las vicisitudes, por momentos cómicas, aunque las más de las veces tediosas, de un año de gestión infructuosa. Su indiferencia, por no decir regocijo, ante el fracaso del proyecto, le duele un poco en la conciencia. Pero lo que más puede en su discurso es el asombro ante ese ejército de hormigas que consagran todo su tiempo y todas sus facultades a ese tipo de bajatelas que, de cuando en cuando, ocupan una columna de los periódicos locales y no sabe a ciencia cierta si admirarlas o compadecerlas.

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FRAGMENTO DE "EL IRRESOLUBLE DILEMA DE AUGUSTO NEGROPONTE"













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Por la mañana recibí una llamada de la policía. Un inspector de la Brigada Criminal, nada menos, solicitaba una entrevista conmigo. Se excusaba por no poder llegar sino hasta bien entrada la noche, pues debía tomar el tren desde París y no podría hacerlo antes de media tarde. Le repuse que no tenía la menor importancia pues en aquellos días solía trabajar hasta la madrugada. Me hice la ilusión, sabiendo que se trataba sólo de una ilusión, como alguien podría disfrutar imaginándose por ejemplo ser el único descendiente de los Romanov y que su adscripción a dicha familia había sido guardada en el más absoluto secreto hasta para él mismo, aunque ya se estaba produciendo la anagnórisis, pero todo ello como quien se cuenta una película que no conoce, de que la policía, encontrándose en un callejón sin salida con respecto a un asunto de la mayor importancia, venía a recabar consejo en la persona de un escritor conocido por su prolífica fantasía y por su dominio de la metodología criminal, sólo que yo no era conocido en Francia, salvo a través del artículo que acababa de ser publicado. En fin, pelillos a la mar…. Hacía un calor insólito para un país en que la humedad es muy capaz de alcanzar el mismo corazón del verano, y quedarse allí a sus anchas. Con objeto de refrescar la casa, en cuanto cayó el sol, dejé todas las ventanas abiertas, instalándome en el jardín con el firme propósito de trabajar al menos hasta la llegada del inspector. ¿Qué diablos querrá de mí un inspector de la Brigada Criminal? Recuerdo que me sentía incómodo, con la ingrata sensación de estar siendo observado desde algún punto situado detrás de la espalda, faltó poco para que acabara retirándome a la casa pero me contuve, achacándolo todo a aprensiones sin fundamento, como era lógico que lo hiciera. Y seguí apilando uno tras otro los exámenes que iba corrigiendo. Serían las diez y media cuando tuve la necesidad de un café. Ni siquiera traté de encender la luz del interior de la casa, pues sabía por experiencia que la proveniente de la lámpara situada sobre la mesa del jardín, penetrando a través de las puertas cristaleras, sería suficiente para orientarme hasta la cocina. Fue así como, al entrar en el salón, me encontré de manos a boca con la figura de un hombre recortada contra la ventana del fondo, la cual, por efecto de la claridad procedente del alumbrado público, hacía una función semejante a la de una pantalla. El caso es que pude percibir su silueta con una nitidez percuciente. Viendo que me había percatado de su presencia, el individuo avanzó en silencio hacia mí. Su mano derecha empuñaba un objeto alargado, seguramente un tubo. En la penumbra no llegaba a distinguir bien sus rasgos. Sin embargo, lo poco que conseguía vislumbrar no me resultaba del todo desconocido. -¿Quién es usted?-acerté a decir.- Mis palabras lograron detenerle, como si hubiera formulado un conjuro. Hubo, no obstante, un silencio prolongado. -Me llamo Augusto Negroponte –respondió al fin.- Y usted me conoce muy bien. -Para mí, Augusto Negroponte no es más que el personaje de uno de mis cuentos. -No –replicó vivamente.- Augusto Negroponte es mucho más que eso…. Luego, más apaciguado, añadió: -Augusto Negroponte es un asesino. Pero eso sólo lo sabemos usted y yo. Por ello he venido a matarle. He dudado bastante, ¿sabe usted? Matándole, mi situación alcanza un estado crítico. Sin embargo, dejarle vivir es mucho peor, porque usted conoce todo, hasta el menor detalle, igual que si me hubiera estado viendo durante todo el tiempo que permanecí en la casa. Tiene noticia hasta del género de novelas que leía para que la espera no se me hiciera tan larga. La policía, presumo, no tardará en interrogarle o acaso usted tenga otros planes….. En cualquier caso mi seguridad se encuentra en peligro estando usted con vida. Frente a tal suma de conocimientos, no es posible concebir defensa alguna. Me gustaría saber cómo lo averiguó todo, ¿dónde estaba escondido? Si quiere que le diga la verdad, creo que estoy aquí sólo por eso, o más que nada por eso. Cuanto sé decir es que usted merodea la casa desde hace algún tiempo. Lo he estado observando toda la tarde con ayuda de unos prismáticos. Y he reconocido, en efecto, en usted al individuo que me sorprendió hace unos meses mirándole las grupas a mi mujer, nada más salir por la portilla de mi finca. Debe explicarme cuál es su juego. Cuál es su secreto. -¿Qué ganaría con ello? Pareció dudar. -Poca cosa, es cierto…. Un poco de tiempo, tal vez. -Puedo decirle la verdad, si quiere. Pero no es seguro que usted vaya a creerla. -Probemos a ver…. -Todo el argumento del cuento es una historia inventada, creada de la nada. Bueno….a partir de una mirada, precisamente la que usted acaba de mencionar…. « Por una mirada un mundo…. ». Pero usted no conoce estos versos, ni tiene cara de poeta. -¿A quién le importan unos versos? Cuando, por detrás del hombro de Augusto Negroponte, vi aparecer la silueta de un hombre que lucía un elegante sombrero pajizo y una chaqueta de verano, desabrochada, empuñando una pistola, supe que el tiempo, a veces, lo es todo. -Un solo movimiento y es hombre muerto –dijo el recién llegado, sin demasiada originalidad, lo que yo le perdonaba incondicionalmente.- Otro hombre armado surgió a mis espaldas y un tercero encendió la luz al tiempo que entraba en el salón. Augusto Negroponte soltó el tubo de plomo, con el cual provocó un ruido siniestro y profundo al caer en el suelo, dejándose poner las esposas sin oponer resistencia. Se lo llevaron. Salieron todos tras él excepto el policía que había entrado en primer lugar. -Mi nombre es Fabien Longuet –me dijo tendiéndome la mano.- El inspector con quien ha hablado usted esta mañana. -Encantado. -Hay policías que sólo se dedican a leer los periódicos, ¿sabe usted? Todos los periódicos. Y hoy ha sido publicado un artículo que ha atraído poderosamente nuestra atención. -Lo sé. -Inmediatamente envié a unos detectives con objeto de tener bien vigilado a Augusto Negroponte y encontraron que no se hallaba en la casa. El inspector Longuet echó una ojeada a su alrededor. -¿Podemos sentarnos? -Por supuesto. Le indiqué con un gesto el sillón y me acomodé en el sofá. -¿Le molesta que fume? -En absoluto. Me levanté un momento y puse un cenicero sobre la mesa baja, pero él ya había encendido su pipa y exhalaba una densa bocanada de humo gris, generosamente perfumado. -Con lo que le hemos oído decir, unido a lo que acaba de hacer, hay material más que suficiente para procesarle. Sin embargo, « El enigma del pintor despavesado » no está completamente resuelto. -Soy consciente de ello. El inspector Fabien Longuet fumó en silencio durante unos segundos que se me hicieron largos. -Por lo que se refiere al apellido del matrimonio originario, se equivocó usted ; los nombres son sin embargo correctos. En cuanto al nombre y apellidos del agente de seguros son ambos exactos, pero según deduzco de su reciente conversación con el inculpado los obtuvo seguramente echando un vistazo al buzón, cuando la nueva pareja se hallaba ya instalada en « La Mare aux Loups ». Conociendo el carácter reservado de nuestros archivos, el resto es un misterio y la pregunta de Augusto Negroponte es perfectamente legítima : ¿cómo diablos averiguó usted todo eso ? -La respuesta sigue siendo la misma. La única que conozco. Todo surgió de una sola mirada. Ni siquiera leí los nombres y el apellido en el buzón, como usted supone. El inspector me echó una vista profunda pero al mismo tiempo distraída, como si sus ojos estuvieran escrutando hacia adentro, envuelta en una nube de humo gris. -Bien. Entonces no me queda sino darle las gracias por todo –se levantó.- -Gracias a usted.



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EL IRRESOLUBLE DILEMA DE AUGUSTO NEGROPONTE. Sinopsis













Una definición rápida podría ser vicisitudes de una lectura, cinco personajes comentan y enmiendan un texto a medida que se lee. El argumento del texto en cuestión es el siguiente, un escritor elabora y publica un relato sin sospechar en lo más mínimo que está revelando los pormenores de un crimen real. El asesino y la policía reaccionan simultáneamente. Afortunadamente para él, la policía llega a tiempo para evitar un nuevo asesinato y arrestar al primero que, con ese acto, se había delatado. Resta saber cómo fue que ese autor llegó a dar todos esos detalles, minuciosos, escondidos, decisivos. Dicha pregunta constituirá un enigma tanto para el inspector encargado del caso, como para el asesino, como para el propio escritor. Éste, por temor a afrontar las consecuencias, decidió no continuar el desarrollo de la historia hasta su desenlace final. Años más tarde, un segundo escritor, ingenuamente, se lanza a la empresa. Sobre sus espaldas recaerá la ardua tarea de la interpretación. Mientras trata de desentrañar el inextricable problema de las misteriosas relaciones entre palabra y realidad, irá encadenando reflexiones a propósito de la escritura, en especial, evidentemente, por lo que se refiere al género novelesco. Sus indagaciones tendrán por efecto despertar al asesino, el cual había hecho una nueva vida, se había fraguado una nueva personalidad y no tenía ningún interés en que tales sucesos, pertenecientes al pasado, afloraran de nuevo. Es una novela que, sin perder de vista la vocación de contar, trata de efectuar paralelamente una reflexión sobre el arte de escribir, sobre la estructura, los objetivos y las perspectivas que se abren ante el género. Todo ello entreverado con la trama y al servicio de ella.


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